HABLANDO BAJO EL AGUA
martes, 13 de septiembre de 2011
ensayo literatura #1
hablando bajo el agua
En lo profundo de una habitación oscura se alcanza a distinguir un escritorio en medio de las sombrías apariciones de una lámpara encendida. En la soledad que se siente, papel y tinta sobre la mesa, sin escritor a la mano para desaparecer el complejo movimiento de la imaginación. Jugueteo a no estar sentado tras el escritorio y ser cómplice del nada que se puede dar en las tinieblas de una habitación, en Viterbo, parís, new york; solo una habitación en lo más confinado del planeta. Lo definitivamente molesto, es que en este su planeta y el mío, tiene espacio suficiente para albergar el pequeño pensamiento de una habitación en cualquier parte, delicadamente detallada en la oscuridad por un escritorio, sin propósito, un escritorio que no se molesta en ser cama o mesita de noche, un objeto deshumanizado o quizás puesto sin propósito a morir despapelado y sin historia, al final del sitio más desconocido. Me gusta mucho tener este tipo de oportunidades, mama siempre me decía que tenía un problema, un poco desorientado, sin decir nada y si pronunciar una palabra sostenida.
El aliento del desespero incluso con Igor. Me molestaba con sus sonidos extraños en la cama. Eran por ese entonces todos los días tan parecidos a los otros, nos la pasábamos tirados en la cama heredada de doña Carmela. Comiendo, saltando de una lado para otro, pero eso sí, menos durmiendo, sería una desfachatez casi macabra dormir en la cama de una muerta. Recordamos sus largos brazos escurridos sobre las sabanas color blanco distorsionado, por las mil manchas de mil líquidos que supuraban su cuerpo. Hubo un tiempo, en el que doña Carmela se dedicaba solo a mirarnos atreves de un pequeño roto de la cobija de lana. Siempre que se movía la llevaba consigo, bueno decir que se movía era mucho. Papa pagaba infinidad de dinero para solo ese trabajo. Matías y Juan eran los encargados.
Un día celebrando las fiestas de Viterbo, Matías y Juan borrachos la olvidaron en medio de la plaza, sentada en una silla de ruedas oxidadas. Lo único que molesto a papa fue que le toco ser acariciada por la primera y más fuerte tormenta de invierno. Quién diría que la vieja Carmela presenciaría este evento tan reconocido. Son las tormentas que llegan intempestivas, en medio de oleadas de llamativas gotas, gotas profundas, no eran solamente las que se ven caer sino las que se siente en medio de la lluvia de algo oscuro y obstinado. Era un alivio encontrarse sentado frete a ella, mirándola fijamente y sentir como el tiempo es simplemente algo diario de la vida. Sola, destrozada, como un pequeño al quedar solo en lúgubres calles apartadas de todo aquello que se puede llamar apego del espacio, pero es difícil juzgar tan poca distancia de la astucia, entre miembros del congreso de lo que es solamente el principio y fin de lo que se puede llamar una insospechada razón de lo que podemos ser en vida propia.
La lámpara sigue ay como un símbolo místico de lo que se debe hacer, es preciso determinar qué es lo que está en juego, después de tanta modorra intestinal y simplificar todo ante la cagada de un ser. Es inaudito hablar de personas no presentes, es de mal gusto y sin sospecha de delicadez al hablar. Todo tiene que ver con el mí, y con el yo, con ser y no ser al mismo tiempo. Que no se debe hablar de lo que no se puede, y simplemente decirlo todo como ha de ser todo aquello que hay que contar entre palabras que no sean tan confusas ni apropiadas para la situación.
Todo comienza en los matices que puede dar la vida. Yo que he vuelto y ellos que nunca han salido, pero están más afuera de lo que yo pueda estar. No se trata de tener que estudiar por mucho tiempo la relatividad, mejor, notarse entre lo celeste que emanan los individuos. Veamos que soy poco profundo, insonoro y confuso entre lo que se puede decir y es inagotable para el hombre, distintivo entre tinieblas de claras luces.
Igor se agotaba mucho al decir y decidir lo que es su propia verdad. Igor era el telón de mi vida. Ella pudo descuadernar lo que era Matías y Juan después de tanto tiempo, de tantos años. Rubrico y receto la solución que la enfermedad del insomnio no pudo hacer. Papelitos en cortinas de humo que un solo chivo pudo hacer. Ella no me culpa y nunca la culpare, fue destino, fue miseria y fue alivio en el momento que desapareció aquí o allá. O en parís donde las luces adornan lo que se escribe, o en Madrid donde los de acá sabemos que se hace allá y en Zaragoza donde nunca se sabrá que hará ella, allá en medio de lo que se habla bajo el agua.
Re memorizo a Viterbo muy bien, antes me parecía más grande, quizás se fue empequeñeciendo como los viejos, encorvándose poco a poco hasta el día final. Creo que él no tendrá final por ser eterno entre nosotros. Cuando pequeño acompañaba a mi abuelo. Visitábamos unas tías en belalcazar arriba en la montaña. Yo era el copiloto pregonero, iba vociferando a los campesinos nuestro destino, algunos subían. Trepábamos sobre piedras y divisábamos los campos verdes y el rio Risaralda. Viterbo se alejaba y desde la montaña parecía un pescadito con escamas de polvo y de bahareque. Pensaba que en algún momento se iría nadando hasta llegar al mar, entonces tendría que estar sobre él, para ayudar a mi abuelo a conducirlo, porque él no podría solo, siempre me necesitaría como su fiel pregonero y en el cielo estarían mis primos piloteando a belalcazar, apostaríamos a ver quien llega más rápido a Europa. Ellos ganaron.
Los recuerdos van llegando con la mirada atrás, dando vueltas a las manecillas del reloj, los sentimientos flotan y tocan todo. Fernando suele mirar al pasado mientras el corazón le retuerce el cerebro sentado en la esquina de Llorente. Con un cigarro encendido sosteniéndolo con la mano izquierda, El ruido de la ciudad es incesante, aturden los oídos de Fernando que mira hacia la plaza de Nariño donde se detiene a observar a las palomas cuando caminan en su vaivén de cabeza.
Una cuarentona de cachetes rosados, arroja semillas al suelo, se toma fotos con un pequeño que parece una momia peruana, enrollado con dos mil bufandas de lana y un gorro de antaño. Fernando se ve, de pie en medio de la plaza, muerto del frio recostando la cabeza en las piernas de Igor. Habían llegado a Bogotá, a la selva de cemento, donde nadie los mira, por qué no son más que dos personas perdidos en un miedo a la ciudad. Tomaban ron para calentarse, se miran con brillo de satisfacción a los ojos encantados. No eran los mismos que se vieron en Viterbo, eran diferentes, con reflejos rojos de semáforos, deteniéndolos en medio de una plaza atestada de palomas que no sonríen. Tragos amargos en la noche fría. El cuerpo de Igor metido dentro de la chaqueta de Fernando, lo abraza para impedir que el frio gane la batalla del caballero. Ya estaban ubicados, pero Igor con la necia necesidad de investigarlo todo, de vivir todo aquello en lo que se puede mover, por las calles y hace sufrir una hipotermia a Fernando que es feliz a pesar del frio.
Me quedan más de un millón de palabras y miro sus palabras. Cuando me habla sonrió con tristeza, con añoro, con eso que deseo recueste en mi banca, desde donde yo la veo en el pasado, es difícil, distingo su silueta como un dibujo de MIRO, un simple arquetipo sosteniendo un cigarro, fumando incesante lo que mi imaginación alcanza a deslumbrar en sus piernas, en sus ojos, en sus senos que fueron templo, en su cara que no borro con nata.
El agujero de bahareque se ha desaparecido. Siente al entrar en la vieja habitación algo de nostalgia y piensa sin comparar el presente con el pasado, cuando era que sentaba en la banca de madera.
Suena el piano con destellos de limpieza, Fernando no logra concentrarse, cree que las palabras no son pocas y terminan siendo consumidas por el cigarro. Fernando no es igual a todos y tampoco es perfecto, A Fernando le gustan las montañas y pocas veces se ha puesto un traje, juega con carneros y serpientes, quiere usar la palabra tapioca en una oración, no busca respuesta en diccionarios, escucha detenidamente las campanas cuando no suenan en el piso y se arrastra con el sonido, buscando en notas de violín donde se hallan perdidas las gotas de miradas y susurros que tocaron el suelo y quizás salieron por la ventana. Encuentra divertido sentarse sin saber porque, o ponerse de pie sintiéndose nervioso. Importante es el olor del café.
Tinteros en mesas lejanas, pero sentados juntos platicando cosas que total el tinto desconoce. De las carcajadas se ríe y llora las miradas de los perros, toma un rumbo bajo la necesidad de estar consciente y apartado del fui un bajo colorado. Dice que los pensamientos son buses que llegan a la parada sin necesidad de llantas.
Muévete Fernando para adelante y hacia atrás, ve a la puerta cuando llueva, y mójate los pies luego sécatelos para volvértelos a mojar. Sacude el hierro de tu espalda pensando que algún día las rosas no lo sean, y Fernando será un cuadro lleno de violetas y azucenas o solo este relato. No pienses en cuadro cuentos, o en gatos calculistas. En el tarot esta la respuesta, no en la bola de cristal que has roto desde tu sala sin mover un dedo. Ten en cuenta que el corazón no es justo y si lo es, en las postales sangraría. No debes estar hablando de Igor, aunque sube a la montaña y grítale que la amas.
La gente se sienta en el parque y miran como llegan los días sentados. Fernando te sientas y crees que es todo diferente, pero eres tan joven ¿es posible que todo se transformara? El puesto de papas sigue ahí donde lo dejaste, estas sentado en la banca que desde pequeño elegiste, y la marcaste con una navaja en una caligrafía espantosa “la de un niño”. Sales de la casa como antes buscando caminar a la sombra de la casa grande de don Antonio, andas a través del alma de esa casa vieja refugiándote del sol, jugando a no tocar la división del andén. Líneas que dan mala suerte e intercalas los pasos. Debiste hacer lo mismo cuando te sentaste en el parque mirar la gente, ver cómo pasan los días, sentir las grietas de tu nombre en una banca. El tiempo toca al parque y te toca a ti, no eres capaz de salir corriendo por el laberinto llegar al centro y decir fuertemente gane. Solo te sientas y recuerdas a veces el parque, otras no piensas. Igor de puntas y apartados, sobre el muro de jardines en la calle cuarenta y cinco o por Teusaquillo al salir del arlequín. Te sientes solo, vacio y fumas tanto para no estar solo y solo fumas para estar solo. Piensas en lo que te dijo Juan, trabajo que pensaba perfecto para ti, apilar libros en la Virgilio, limpiar los muebles de la videoteca y llevar café al director de la biblioteca El trabajo no es malo, después de todo era la única posibilidad de regresar y dejar la banca, igual en la ciudad la nostalgia es más fácil de perder. Puede tirarse en un transmilenio para que se pierda o dejarla en el centro. La ciudad es diferente, se toma café por que nos toca, miras a la montaña para ubicar a Monserrate e igual no conoces a nadie. Están ciertos amigos de alcoba que no se considera gente. La gente no toma el café contigo, ni mucho menos toma chicha, ni te dicen que si, cuando comentas que si la historia hubiese sido otra, todos estaríamos muertos del aburrimiento, añorando el sufrimiento que se da en la ciudad y en los pueblos si la historia hubiese sido otra.
Igor:
Se acabo ya hace dos meses. Todo comenzó cuando Fernando y yo nos conocimos. Éramos indiferentes en un pueblo tan pequeño, fue como si hubiésemos estado siempre en una urbe como Bogotá. Mera coincidencia, algún día nos habremos cruzados en alguna calle, y si debimos haber sentido algo. No nacimos para estar juntos pero si para pensarnos infinito, quizás concordamos en posibles retratos del tiempo clarividente de nuestras cabezas.
Iba con Juan en la esquina del deportivo, vos y Matías aparecían al otro lado, en los billares. Regados por toda la calle los viejos de sombrero, las damas de tacones, los hombres sin camisa, las malas damas, los perros, Matías y vos. Juan me pidió que lo acompañase hasta donde ustedes para comentar algo sobre unos tales arpilones. La tarde era fresca, el cielo era una inmensidad de nubes grises y tu pelo algo sombrío. Al estar juntos eras hermoso, tan inocente. Nervioso sabias que te miraba y no eras capaz de resistir lo que yo veía. Lo que percibía era una clara luz, un brillo extraño saliendo de tus ojos, unos dibujos garabateados por mí. Observaba como tu corazón latía incesante y al hablar enardecía con el fuego de mi alma. No me gustabas pero sentía mi alma la necesidad de estar contigo, sobre los motivos y considerar un momento que el espacio se pierdo en uno, dos o tres movimientos, un compas, un ideal cementerio.
Nos separamos cada uno a sus casas, camine toda la noche, las calles eran frías. Se me congelaban los dedos pero quería caminar y mirar las luces, pensar en ti Fernando. Quería verte de nuevo saber donde era que andabas ¿Te sientas en la noche cuando son frías? no creo que duermas, y te encontré perdido en un agujero. Te mire desde el banco de cemento que invade por inercia todo el frio de la noche. Yo estaba en el barrio chino, así le llamamos por acá, un centenar, más que seis andenes diferentes, pero lo mismo viéndolo desde el punto que son corredizos donde se riega nuestro pasado incluso en las fotos.
Fernando se movía lentamente por el sombrío callejón acerado, en los espacios oscuros donde las lámparas no tienen el suficiente valor para alumbrar, ahi mismo donde se hace la historia de la humanidad. En el poder atreves del deseo, los amados se deben encontrar en la oscuridad que da un corredizo, para perderse en el mimo de la calle, sombreros que cubren las caricias donde precisamente yo encontré a Fernando e igual tuvimos que escondernos en la sombra de las miradas expiatorias, de los cantos parle de doña cenobio, del perro bravo que esconde en una caja el de salubridad. Todo y cuanto más inadvertidos del ruido y de la mísera sensación de la realidad que se da en la luz. Me ofreció la mano a lo que respondí sin dudarlo, sus manos frías extruidas. Así se sentían sus manos poco relevantes, sus cabellos mojados eran la fresca brisa que no toca. Me condujo al fondo de un pasillo estrecho, el más pequeño. Trepamos un muro de concreto viejo, fue un poco difícil pero al fin me encontré con las luces del mundo tirada en el pasto. Puntos dorados por toda la vegetación de Viterbo, del mundo, del espacio exterior, del muro, del monte donde me hallaba tirada, de Fernando destellos de iris que enceguece el conducto que hay que caminar para llegar a mis pensamientos.
Las consideraciones y el desempeño es una farsa mientras se esté en un colapso que se alza con el sufrimiento del ser. Adecuamos los pensamientos para utilizarlos cuando es preciso, encontramos palabras perdidas que concuerden con la realidad, admitimos la derrota ante un propio triunfo aunque nunca se note, decimos incoherencias de nuestras vidas, pero igual seguimos siendo Igor, Fernando, un arpilon o una viejera.
Mañana salgo temprano y tomo el tren de las nueve, tengo sita en la playa con Roberto. A Roberto lo conozco de una amiga italiana. Me ayuda a conseguir buena yerba y no me cobra nada, incluso la ceba para mí constantemente. El hombre está enamorado, pero que importa igual el cometido es sobrevivir no igualar los sentimientos, esos los concreto en mi terreno.
Te sientes idolatrada Igor y no te sonrojas con nada conocido, solo con lo nuevo. Subes en el de las nueve, miras las calles como pasan y piensas en Colombia, en los muchachos, en Fernando, stiguar, Carmen Tulia. Los lentes oscuros cubren lo que brilla en tus ojos. Las casas deformes, colérico como una especie de asma que pasa del pulmón al corazón, y luego a un dolor de cabeza. Recuérdate y mírate feliz con tu genio y astucia de gata en búsqueda de un piolín. homérica cantora de pared a pared. No importa lo que pase todo cambia, no obstante, las calles son las mismas, los recuerdos, los ríos si cambian, las miradas también, los dibujitos que hacían ahora son mejores o peores, eso solo depende del artista, Fernando quizás ya no te ame pero se muere por verte y decirte como estas de guapa. A veces no encontramos lugar ante el universo y nos sentimos pequeños, Igor no sabes cuánto. Míralo así, en este momento yo escribo, pero tu ahora estas durmiendo, duermes y en Francia alguna persona habrá dicho te amo, mientras en Cali alguien se cayó, cuando se reía en Londres un niño de un payaso. Lo único diferente son los rayos del sol pero son iguales aquí o allá, necesitamos gafas e ir al baño, pero te das cuenta que viajas en el tiempo cuando lees a García Márquez, Poe, Cervantes, afín de cuentas seguís relacionado con la misma cama o con el tren de las nueve, el parque clavado en el centro de Viterbo. No te entristezcas, vislumbra al mundo y lo hermoso que es en Viterbo o en la Patagonia. Demuestra que tu realidad es la mejor de todas o convive con la idea sea cualquiera la situación.
En la playa se quito las sandalias, vestía tal como aquella vez en Bogotá, pero esta vez no con Fernando en el frio, sino con los pies descalzos tocando el mar cálido de verano, y el horizonte lejano donde atisbo una pequeña estampa del pasado. Eran las once menos quince y su falda agitanada se humedeció, no pudo contener la necesidad de quedarse en ropa interior e internarse en el mar. Ser un pez como siempre, una mariposa en el agua salada. Dejó sus pertenecías en la orilla, sobre la arena su blusa, sus sandalias y la falda tuvo que dejarlas sobre el pequeño bolso. El mar era calmado y cristalino. Sumerge el cuerpo que se nota desde la playa como un brillante. Los peces se alejan para no verte y quedas sola, tú y el mar. En un instante no te das cuenta y estas sumergida muy profundo. Ves a Fernando de pie y tú agarrándote de sus tobillos. Percibes la corriente de agua que pasa a gran velocidad y acaricia tu cuerpo. Ondulas como un delfín, te cógelas del frio y todo es oscuro, no alcanzas a ver nada de repente, tus manos pierden fuerza y crees que la corriente te va desprendiendo de los tobillos de Fernando pero no es así. Sientes el calor de Fernando y todo se ilumina bajo el agua, entonces te prendes de él y nadan a una velocidad sorprendente. Eres segura con el caballero, y el te dice que lo mejor es nadar más lento para poder ver los corales, además hay que tener cuidado con los cocodrilos que son peligrosos, levantas la cabeza con tus manos sobre sus hombros y gritas fuerte al oído de Fernando, que vallan mas allá de la bolla, que allí encontraran ballenas las habías visto un día desde la montaña azul frente al mar. Fernando pregunta que si son peligrosas como los cocodrilos, respondes que no; son muy pacificas y expertas de los océanos, dicen que los arpilones nadan con ellas ciertas temporadas del año cuando no hay frio. Muchos peces se ven de colores y formas diferentes, feos y bonitos.
Mueven sus pies y brazos impulsados de la sensación de estar vivos y de las alas caracolí saltan sobre la bolla, e Igor escucha un ruido, abre los ojos y se encuentra desnuda metida entre las cobijas. El cuartito apretujado se impone, en una mirada obsoleta y somnolienta, todo es desalmado y así se puso de pie, aunque en las mañanas nada es triste. Hizo lo debido. Se baño sin decir nada, porque no hay quien. Se vistió sin pena como costumbre del espacio solitario, y se embarco en el de las nueve sentada mirando la parte trasera del puesto delante ella, las gafas oscuras. Al llegar a la playa encontró a Roberto con su sombrerito, tenia lista la yerba, entonces lo cebaron con los ojos diminutos de sueño.
Te has demorado.
Me he trasnochado. Conseguí dormir tarde.
Haz dormido mucho es la una de la tarde, demás que te has quedado como siempre mirando las estrellitas fluorescentes.
Soñaba y no quería despertar, a usted es el único que se le ocurre citarme tan temprano, sabes bien que duermo hasta tarde.
Vamos no te pongas así que es temprano.
No decís que es tarde, nadie entiende lo que piensas socio.
Vale cálmate, ¿qué soñabas?.
Soñaba con…. Nada solo hablaba bajo el agua.
domingo, 5 de diciembre de 2010
muerte constante mas alla de la vida
El día anterior carolino se levanto como de costumbre, afuera escucho al vendedor de tamales, abrió la ventana de par en par para mirar que tal estaba el día. Era precioso, el sol postrado en el cielo se adornaba con unas cuantas nubes sobre una montaña de un verde oscuro, con casitas pequeñas, algo parecido a un pesebre, se despojo su pijama y en su toca disco dio play a un CD de mercedes sosa que canto a la par de Alfonsina y el mar mientras las primeras gotas de la ducha caían en su cuerpo desnudo. Delicadamente paso la barra de jabón por sus piernas y entre ellas, dedico más de lo acostumbrado a jabonarse sus senos hasta el punto que sus pezones se irguieron, a la vez reflexionaba sobre el itinerario del día. Primero, subiría hasta la universidad ha recibir el parcial de lenguaje, segundo concertaría unos dos o tres detalles de la exposición de epistemología y por último se encontraría en el galpón con Alex para desayunar y besarse hasta el medio día. Irían a almorzar y finalizarían haciendo el amor toda la tarde. Al salir de la habitación la cacera alego que debía pagarle los cinco meses de arriendo atrasado o vendería su ordenador, el cual lo tenía empeñado hasta el día que pagase la cuenta. Tras una larga discusión salió algo furiosa para la universidad, al caminar por el puente de guadua que da al salón de clase, piso una mierda de perro, la cual robo unos cuantos minutos de su agenda. Al llegar al salón, la docente ya se ha retirado, ha dejado su parcial con una compañera, su calificación fue de dos con cinco, ella no comprendía el porqué de la mala calificación, ella sabía muy bien que la relación de metalingüística y la metafísica era nada más que un agujero negro en la cual ciertos códigos del ambiente y signos de pensamientos se encontraban en una constante pelea por la racionalidad y la continuidad de las cosas.
Hasta ahora la suma de las situaciones invade a carolina en una tristeza con algo de furia irónica y desconsuelo. Al llegar al galpón se encontró con Alex, tomaron asiento y ambos fumaban cigarrillo, Alex le comento que el día anterior se había acostado con manuela su mejor amiga, y con patricia la estudiante de ingeniería mecánica de tetas grandes; corolina no podía creerlo, pregunto todos los pormenores y entonces fue cuando la primera lagrima se dejo caer. Todo esto es una mierda, primero la vieja decrepita esa me cobra, luego una mierda en el zapato y posteriormente pierdo un parcial, y para cuando creía que nada podía ser peor, este idiota tranquilamente me dice que ha dormido con mi mejor amiga y además de eso hizo una total fiesta pagana con la de tetas grandes, pensaba carolina. Ha Alex lo mando a comer lo que en algún momento tuvo en su zapato, y se tomo dos botellas de aguardiente, diez cervezas, dos baretos, y dos cajas de vino.
Carolina abrió los ojos, se sintió algo mareada, intento levantarse pero un peso no la dejaba, reconoció un afiche del che pegado en la pared que Alex tenia. Que pasa, porque no he muerto, es que la muerte es el recuerdo constante de Alex e igual el millar de recuerdos que creí haber borrado. Al rato ve a Alex y se aproxima a ella con un vaso de jugo en la mano, le menciona que manuela ha llamado, ha dicho que pide disculpas por no haber llegado temprano para acompañarte a recoger el parcial. Carolina tomo el jugo y poco a poco fue muriendo en aquella calle a dos esquinas de álamos.
negro barandal
Dos horas más tarde pude dormir. Creo que soñé algo parecido a un chocolate o un pastel, lo comí y después de un zarpazo de nuevo sobre la cama. Pensaba en la prima Tania que después de ver la peli no dejo dormir hasta que comentara como fue que llego hasta aquí. Aquí es el planeta tierra, esa esfera de colores azules, verdes y amarillos que ve uno en películas como odisea en el espacio. Detesto cada vez que hace eso, llega el verano al que por acá se le dice vacaciones. Ella mi prima y su carro de niña rica llegan a casa, y con el calor infernal los lamentos de mi madre se ven cerca. Mi madre se molesta porque no puede ser igual de candente a mi prima, hija de la tía Úrsula. Papa desde la habitación se prepara con la mejor colonia haber si este año es el de su suerte y se va con la prima Tania; por lo tanto, se desencarga de mi madre, de mi abuelo, del perro sucio que mama cree uno más de nuestra distinguida familia, y por supuesto de mi, que busco el escondite más seguro en la cabaña del patio trasero; me fumo un cigarro e intento pasar lo mas desapercibido.
Una leve corriente de viento hace mover la cortina que da al patio, el sol intenta sin éxito adueñarse de aquel espacio libre de cortina, para cuando cree que es dueño del pedazo de ventana y piso, saz llega mi prima y me invita a pasear por la rivera del rio. En medio de la caminata recordé la escena del comedor. Pasaba mi mano por el barandal del rio, mis dedos poco a poco fueron tornándose manchados de un negro barandal, Tania es hermosa, ahora me doy cuenta que me interesa. Sus piernas largas y doradas, falda tan corta como la posibilidad de que por instante la cortina se detuviera y dejase dominar su eterna sombra por el sol, sus ojos azules como el cielo. Estas tierras ardientes y conspiradoras. Luego de varias cuadras de camino nos detuvimos, y mi prima supo que mis ojos tenían el brillo de la estela luminosa que se extendía por el rio desde la plazuela en el centro del parque hasta nuestros pies al otro lado del pueblo. La bese, luego me rechazo, en otra oportunidad me acepto. Su boca es tibia mejor que me lo imaginaba, su lengua filosa, de esas que cogen la tuya y le dan dos vueltas. De nuevo en casa me sentí en la mayor representación del alivio. Mi madre sirvió pavo, mi padre durmió mientras el abuelo decía la historia del aquel verano en el cual él y su amigo Duncan pusieron ese mismo barandal, que hoy sirvió para que mis ojos fueran la escusa para poder dormir con mi prima en la cabaña del patio.
las siete treinta
viernes, 12 de noviembre de 2010
a la señora para siempre
A
Y se puso un blanco las doncellas en el pecho, un ruido presentaba una molestia cegadora en el auditorio, la mujer del piano, entaconada y con sortijas en los dedos se preparaba para hacer de su trabajo melodía. No entendíamos para entonces que eran las once, hora de la dormida, llegaba y se incorporaba en el cuerpo algunas noches con las gotas caídas del cielo oscuro, explicito entonces y con las mareas del norte que venían cerca del anuncio de la llegada de las primeras notas. La dama toca y el auditorio se estremece por la ridícula cercanía, por la perfección de las piezas, compartiendo escenario con el ronquido de monseñor, y la mujer de los boletos cobrando el dinero de la entrada a los amigos de la pianista. Del fondo en una mesa que se servía aguardiente, un hombre flaco más bien torpe se pone de pie y emprende camino por el medio de la muchedumbre, que con el aroma dulce del alcohol se balanceaba con discreta paciencia y cuando se encontró frente a la tarima, saca su pistola y propicia dos disparos a la mujer en el estrado. Una de las balas dio en el piano, el otro, en una silla cercana a la pianista, en la cual se sentaba hidalguiño que con una mirada tumbo a Juan dormido sobre el piso. Al pasar el tiempo, todos los que vivían en el condado, robaban una mirada a la marca de gaseosa espesa que dejo Juan, hombre que fue tirado como una bestia maligna con tan solo la mirada de hidalguiño, morador del condado, extraño, y espectacular suceso que trajo consigo a el mito. Las doncellas con sus vestidos un poco pomposos y con ese blanco en el pecho, tras el hecho, se dejaban observar por hidalguiño de pies a cabeza, usaban perfumes de nombres europeos, galanteando en sus caballos los domingos, tomando té helado, granizados de café, y el producto interno bruto alemán estaba desvalorado, en Francia las gentes se levantaban por la decisión de conceder las pensiones a los sesenta y dos años, fariñas no come hasta que no liberen a los presos políticos en cuba. Ernesto siente nostalgia por no poder hacer nada. El ruido se fue del auditorio con su molestia cegadora, con Juan, se dedico a estudiar en una universidad en la capital, el ruido eso sí, Juan no tuvo más que dedicarse a trabajar en un súper mercado de cadena, vendían muchos productos, entre ellos la línea azul de pantalones americanos. Esos nacieron en el condado, luego viajaron igual que Juan, pero estos para el extranjero, allí hicieron diferentes posgrados intensivos y se les fue puesto cada diploma sobre sí mismos. Regresaron al poco tiempo y se dedicaron a venderse, a cualquiera por un precio tan alto como la señora entaconada, que murió ese mismo día, en el auditorio, por un estrés que se le paso al corazón, deteniéndolo y dejándola dormida, a la señora para siempre.